martes, 15 de abril de 2014
Y de repente, la vela se apaga.
La mirada perdida en el texto, hurgando en cada pequeño rincón de tu cerebro mientras las sombras bailan al compás de la llama. Está todo tan tranquilo, tan relajado. Solo tienes que tumbarte aquí a mi lado, observar a la nada mientras tu cabeza se sumerge en un lago de pensamientos, transportándote a una tranquilidad tan magnifica como escasa hoy en día. Apagar las luces y encender el último cigarro que te quedó de la noche anterior, un vaso de té y una cama en la que sentarte y disfrutar de un sinfín de sensaciones, de esa magia del momento. Las sombras tintineando de un lado para otro mientras el leve olor a vainilla te hace viajar a otro mundo, a otro tiempo, a otra realidad donde las complicaciones solo son pequeños susurros tras un halo de relajación.
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